A las seis de la mañana| Tito Lugo

Por Thomas Jimmy Rosario MartínezLOGO EHV PLAIN

thomas-jimmy-rosario-hijo version cortaEl vegabajeño Tito Lugo Vélez nació en Guayanilla, pero como todo adoptado, se convirtió en vegabajeño. No ha olvidado sus raíces, pero su corazón es tan grande que puede compartirlo como uno de los nuestros.

En las últimas ocasiones en que ha regresado a nuestra ciudad lo ha hecho obligado por circunstancias luctuosas. Primero fue su hermana y luego otro familiar que trágicamente murió sirviendo a los demás. En esta última oportunidad tuvimos la suerte de que participara de nuestras reuniones semanales. Y nos brindó un importante mensaje, espontáneo, como es el y nos deleitó con su arte de tocar flauta.

Tito, desde Boston, donde reside, siempre tiene a Vega Baja en su recuerdo y su propósito de vida. El cree que hay maneras de mejorar a nuestra ciudad como él hace en el lugar donde le han reconocido como uno de los 100 latinos más influyentes. Aquí dejó una huella imborrable creando interés por la educación musical, ejecutando como solista, en orquestas, grupos y como educador.

Nuestro videógrafo Edgar Freytes preparó una memoria fílmica de la reunión del miércoles. Es notoria la concentración de los compañeros en el tema que desarrolló el invitado de la noche y los comentarios que vertieron en la ocasión. El Tito que conozco es una persona de relaciones excelentes con los mejores músicos de Puerto Rico, es talentoso y una persona noble, que siempre anda con su instrumento, como el Flautista de Hamelín, dándonos lo mejor de su iluminado ser en el encanto musical.

El sábado visitó a mi madre, quien está postrada en cama. Le dedicó algunas interpretaciones con su flauta mágica que ella siguió como pudo, tarareando o cantando. Fue un momento sublime su regalo musical, que nosotros no le pedimos de ninguna manera, pero que el pensó que era bueno para una mujer que le gusta la música. Y tenía razón. Después, compartió en Dorado un almuerzo-cena con mi hermana Jossie y Malia Calderón, también sus amigas.

En el restaurant de Dorado había una quinceañera que casualmente disfrutaba la celebración de su cumpleaños. Su familia ya le había cantado la canción de la ocasión pero Tito le ofreció interpretarla con su flauta, lo que trajo felicidad al momento.

Así es Tito, un músico preparado las veinticuatro horas pero un mejor ser humano, de profundas convicciones espirituales que lo llevan a levitar en el mundo de los mortales. Excepcional ejemplar de la raza humana, un buen puertorriqueño y vegabajeño. Gracias, amigo.

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