A las seis de la mañana| La violencia de los protestantes de ayer

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Por Thomas Jimmy Rosario Martínezlogo biblioteca electronica vegabajeña diminuto

Ayer hubo una protesta, pero todavía no entiendo el motivo. Hubo violencia de parte de los manifestantes contra personas privadas y la policía. Como es natural, se respondió a los ataques y hubo heridos y arrestados.

Hay gente en la sociedad que protestan por todo. Ese es su derecho. Pero cuando se cansan de causas justas, siguen protestando de cualquier cosa y afectan al resto de las personas, incluyendo a terceros, como hacen los terroristas. Tienen el efecto de los corredores que llegando a la meta, tienen que seguir corriendo por algún tiempo más, porque el efecto de la inercia los lleva más adelante.

Eso tiene un efecto sicológico del menoscabo de las causas legítimas porque una acción exagerada e innecesaria, cancela los buenos mensajes. La gente generalmente recuerda lo malo más reciente que lo bueno que se hizo.

En el mundo peligrosamente los terroristas justifican sus ataques, pero los cerebros que los forjan y justifican no hacen lo que mandan a los demás. En Puerto Rico hemos tenido experiencia de que líderes radicales han orientado a sus huestes y ha habido muertos y heridos pero ellos han salido ilesos, porque creen que mantenerse con vida y sacrificar las de sus seguidores permitirá que las ideas continúen vivas. Esa es una manera conveniente de permitir el daño colateral y es también una manera cobarde de enfrentar los desacuerdos de la vida.

En los ejércitos, los presidentes de las naciones hacen eso. En algunos partidos políticos, nunca son carne de cañón sus líderes. Son otros los que se sacrifican con las acciones bélicas o fraudulentas y quienes sufren daño físico, terminación de su vida o cárcel por sus acciones.

La protesta de ayer se salió de su propósito. A pesar de que estaban contra una decisión gubernamental, se enfilaron los ataques a una actividad privada que fue interrumpida innecesariamente. Eso no tiene manera de justificarse. Es un asalto a la democracia y a la libertad de reunión y expresión. Sus perpetradores abusaron de su derecho y traspasaron las fronteras de la participación ciudadana. Delinquieron como cualquier otro agresor civil, terrorista o vulgar ladrón de la felicidad que supone el respeto a los derechos de los seres humanos.

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