A las seis de la mañana | Participación dentro de la delegación de Estados Unidos

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Por Thomas Jimmy Rosario Martinez

La participación de Puerto Rico como parte de la delegación de Estados Unidos dentro del olimpismo es un tema controversial. Cualquiera que sea la posición que se adopte, inmediatamente se tienen detractores. 

La pregunta básica que hay que hacerse es si el tema del olimpismo sería un asunto que pese en una decisión política sobre el futuro de Puerto Rico. Lo mismo ocurre con el tema de Miss Universe.

El olimpismo es un proceso de competencia y selección. Hay que ser bueno, pero hay que ser considerado mejor por personas designadas a evaluar y escoger. Nunca ha sido un proceso completamente justo porque hay elementos políticos, económicos, sicológicos y hasta raciales que impiden en ocasiones que mejores atletas sean los que van a competir.

En Puerto Rico nos hemos inventado una manera de discrímen. Que el que no compita por Puerto Rico, hay que condenarlo. A Gigi Fernández, que tantas glorias nos dio en su desempeño en la cancha, que hasta contamos sus medallas como nuestras, se le ha vilipendiado públicamente por un hecho remoto de la historia. Pero hay vegabajeños y puertorriqueños que han competido por otras naciones en la paz y en la guerra, en el deporte y en otros foros, que se justifican por otras razones y hasta se ensalzan para la historia.

Hay un desfase en estos conceptos morales. Y lo que está malo no viene del corazón puertorriqueño donde caben todos, sino de la política. Y viene del extremismo independentista y del nacionalismo irracional de algunos. Esa es una fuerza divisoria que nos hace mucho daño. Por querer atacar una ideología política que nos acerca a Estados Unidos, se afecta la vida de muchos deportistas que quisieran participar en un ambiente de más competitividad y excelencia. Eso lo tiene sistema deportivo de Estados Unidos cuyos resultados en esta última competencia internacional ha reinado. Nos apena decirlo, pero Puerto Rico, por más amor que lo profesamos, no lo tiene. Eso no es cuestión de sentimentalismo, es una realidad irrefutable.

El deporte olímpico es una actividad noble que lamentablemente  ha sido una de las diversificaciones de la política partidista puertorriqueña. Es una cabeza de playa que el Partido Popular principalmente ha utilizado para preparar políticos del futuro y para albergar los fracasados del pasado. El independentismo lo ha utilizado para mantener viva la llama del logro puertorriqueño como una fuerza adicional en su lucha. Los estadistas lo han saboteado, en esperanza de que algún día los atletas de excelencia, como Gigi Fernández, ganen medallas de oro y brillen como puertorriqueños y americanos que somos, bajo la bandera americana.

Cada cual tiene su librito y su zarandeo para su olla, pero el deportista nunca mejora cuando se le limita. Mayor oportunidad lidiando con los mejores es lo que lleva a la excelencia. Romper récords nacionales es bueno, pero es mejor entrenarse de forma óptima en una gama más amplia de oportunidades y probarse con los demás.

La limitación que nos impone el insularismo nos hace ver con gríngolas, pero en “gringolandia” el deportista puertorriqueño tiene más oportunidades en el olimpismo. Eso, si en realidad son tan buenos, porque tal vez sean mejores local o regionalmente, lo que es válido y deseable, pero la liga del mundo requiere mas de todo.

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