A las seis de la mañana| El abrazo millonario para prevenir suicidios llega a Vega Baja

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Por Thomas Jimmy Rosario Martínezlogo biblioteca electronica vegabajeña diminuto

Ayer se desplegó una enorme pancarta en la Plaza José Francisco Náter para recordar la fragilidad de la vida a los vegabajeños. Rosa Miranda, esa dinámica dama que ha residido en nuestro pueblo proveniente de otros lares y que se ha autoimpuesto una campaña constante contra el suicidio, organizó nuevamente una actividad que va con una antorcha de esperanza desde las ciudades a los pueblos en una trayectoria importante para nuestra sobrevivencia social.

La labor de Rosa es a veces  incomprendida y hasta injustamente ignorada. Nadie conoce las razones para estar en contra de una actividad tan importante, pero su persistencia es permanente. No da pasos atrás porque sabe que tiene un camino correcto y el motivo más grande que puede tener una persona, que es la conservación de la vida.

La muerte siempre ha sido factor de muchas emociones en el ser humano. Escoger terminar la vida por un método no natural nunca debe ser una opción por la estela de emociones negativas que deja al suicida y a las personas que le aman. También cuando se realiza el acto se ejemplifica como una puerta de escape que otros considerarán, en lugar de descartarse desde el principio.

Rosa ha vivido sufrimientos hasta el extremo, en su propia carne. En el proceso ha sido víctima de otros y de ella misma.  Es una persona que ha pasado por decidisiones deliberativas para  decidir si vive o muere, pero en el paso se ha convertido en un elemento de los que faltan muchos en esta sociedad para perpetuar la vida de manera positiva. Escogió el abrazo como el vehículo del acercamiento para demostrar lo importante que es la sensibilidad y el amor de todos por nuestros semejantes. Y ese abrazo comienza por el abrazo personal, cruzando los brazos y apretarlos hacia el pecho de uno para descubrir que debemos comenzar por amarnos nosotros mismos. Así tenemos algo que compartir con los demás.

La misión de Rosa encuentra obstáculos incomprensibles por indiferencia o negligencia. Hemos dicho antes y repetimos hoy que, como Jesucristo, cuando no la reciben, se limpia sus chanclas del polvo del camino. Pero ella no va por un camino hecho. Ella lo está haciendo con cada abrazo que comparte, lo que lo hace el camino de todos.

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