A las seis de la mañana| El alcalde

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Por Thomas Jimmy Rsario MartínezLOGO EHV Diario Vegabajeno de Puerto Rico 2

Para los vegabajeños, la política comienza con la figura del alcalde. Es un cargo público que representa poder y posibilidades de progreso para el pueblo. Hemos tenido buenos y malos alcaldes. Responsables, irresponsables, bonitos y feos. Algunos se han ocupado y otros se han aprovechado de la oportunidad.

Los alcaldes son seres humanos. No son máquinas ni robots. Sienten, padecen, sufren y gozan como todos nosotros. Los ha habido religiosos, poco creyentes, heterosexuales, bisexuales, adúlteros, fornicadores, honestos, deshonestos, oportunistas, inteligentes, impulsivos, ricos y pobres. Algunos se han aprovechado del cargo para hacer capital, otros han muerto en la inopia.

La oportunidad de llegar al cargo es un proceso legal. Aunque estamos acostumbrados a que haya una elección de pueblo, no siempre es así. Rafael Cano e Iván Hernández, ambos presidentes de los cuerpos legislativos en 1958 y 1971, llegaron a ser alcaldes ante la ausencia de los incumbentes, uno por fallecimiento y el otro por su separación de la sociedad basado en un veredicto de culpabilidad de un tribunal de justicia.

La relación entre el pueblo y el alcalde tiene varias vertientes. Es curioso su origen. Según la Real Academia de la Lengua, proviene del árabe hispánico alqáḍi, y este del árabe clásico. qāḍī, que significa juez.  La definición no coincide totalmente como lo conocemos:  “autoridad municipal que preside un ayuntamiento y que ejecuta los acuerdos de esta corporación, sin perjuicio de sus potestades propias, y es además delegado del Gobierno en el orden administrativo”.

En Puerto Rico, la posición es electiva cada cuatro años, aunque hubo ocasiones que fue por designación y en otras ocasiones por elección de menos tiempos. El precedente más cercano fue el llamado teniente a guerra, que era generalmente una persona de experiencia militar, terrateniente a quien se le encomendaba las funciones administrativas y de justicia en primera instancia.

El alcalde es en principio, una figura paternalista. Se supone que cuide el espacio, las personas y todo lo que tenga que ver con Vega Baja. Tiene unas obligaciones legales y unos compromisos morales que debe cumplir para honrar su persona y su cargo.

Recientemente un sondeo refleja el afecto que sienten los vegabajeños por su alcalde Marcos Cruz Molina. Hubo una confirmación del mayor número de sondeos que hemos realizado en los últimos años sobre el desempeño, aprecio y las expectativas de un triunfo electoral en noviembre, dadas las circunstancias adversas en la opinión pública tiene el partido político al que pertenece.

Creo que el respeto es la palabra que mejor define la relación simbiótica de Marcos Cruz con los vegabajeños. Su mayor acierto es el de haber realizado un trabajo, lo ha hecho sin descanso y con lo mejor de sus talentos y responsabilidad. Pero como el camino de los pueblos no termina nunca, como dijo Muñoz y el repite, sabe que siempre, aun después que termine su incumbencia, será objeto de evaluación, crítica y juicio. Tendrá que vivir con eso, pero parece que ha estado dirigiendo su vida hacia la mejor de las posibilidades.

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