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Por Thomas Jimmy Rosario MartínezLOGO EHV Diario Vegabajeno de Puerto Rico 2

La Playa Puerto Nuevo es el principal lugar de recreación natural de Vega Baja. Es la puerta al mar del que no viaja en lancha, es el lugar ideal para mudar la piel de nuestros pies al roce con la arena, recibir los nutrientes del agua salada en nuestros cuerpos y echar a correr la mente y la imaginación con el paisaje hermoso y placentero.

Tiene una historia propia a partir de su nombre, pero Dios nos la había dado antes de que su nombre cambiara de Yeguada Oriental al abrirse el nuevo puerto o como lo conocemos, Puerto Nuevo. La belleza es legendaria, la plasmó Guillermo Venegas Lloveras, el laureado autor de Génesis, en el tema del Trío Vegabajeño.

Pero aunque la Playa Puerto Nuevo tiene la capacidad de regenerarse, su uso y abuso ha causado mucho daño acumulado en los últimos cien años. Ya no hay pesca notoria en sus orillas, sus componentes, como los corales, han mermado y siguen en peligro los existentes y hay contaminación, a pesar de los esfuerzos por eliminarla. Un lugar tan expuesto, no se puede dejar al garete.

¿Cómo cuidamos nuestra playa? Al igual que se ha procurado que se declaren reservas en el interior de Vega Baja y que se proteja el coral del oeste de la Playa, hace falta que se controle su uso. Como las playas son constitucionalmente libres de acceso, no podemos restringir su uso pero es posible limitar la invitación y no crear, como otros pueblos hacen, actividades multitudinarias que mermen la calidad del recurso natural.

En la década de 1940 la Asamblea Municipal prohibió la extracción de arenas. Hasta ese momento, había unas dunas de arena gigantes que la gente las redujo para construcción. Bajo el edificio inútil que se construyó por la administración de Edgar Santana y donde se celebra el Gastronómico de la presente administración, hubo una zona importante de arena que dio paso a casas, estacionamiento, bitumul y cemento. Nadie hoy día extraña esa carencia porque nunca la han visto, pero aun queda algo de esa arena que extendía la Playa hacia el sur.

Alcaldes como Joaquín Rosa de Manatí,  Felisa Rincón de Gautier de San Juan y Rafael Cano de Vega Baja, construyeron sus viviendas de veraneo cerca de la orilla o en la orilla de la Playa. Un comerciante llegó hasta edificar una vivienda sobre la peña.

Para el que no lo sepa, aun hay yacimientos arqueológicos en esta zona, que están inactivos y que pueden perderse eventualmente. Bajo la anterior administración iba a haber una entrega total del área de la Playa a inversionistas políticos para crear una zona hotelera, lo que afortunadamente no se dio.

He visto, con mucha pena, que en estos días, cargados de por sí de una temporada veraniega que inunda de visitantes nuestra Playa Puerto Nuevo, se crea una actividad multitudinaria de música, bajo el auspicio de la administración municipal. En la misma se anuncian intérpretes y orquestas de otros lugares, para atraer también a gentes de otros lugares también.

A los vegabajeños se nos olvida la máxima orden de la naturaleza que es la armonía. Un agua saludable en la Playa no necesita afluencia de más personas sino menos personas. No necesita más contaminación de sonidos ni de luces porque muchos de los procesos que enriquecen nuestro cuerpo de agua se dan en el silencio sonoro del océano y la necesaria oscuridad. Quien rompe ese vínculo, atenta contra nuestro recurso.

Hay que repensar el uso futuro de la Playa. Lo mejor es dejar que la naturaleza se exprese sin las limitaciones humanas. Que vuelvan a crecer palmeras, árboles y uveros. Que regresen los peces y los corales. Que la arena, producto de millones de años, tenga un nuevo comienzo.

Todo lo que hagamos en esta generación, no será suficiente. Pero si hubiéramos respetado la naturaleza, no habríamos perdido la orilla que una vez había y que ahora desapareció en la Carretera 686. Dios, en su infinita sabiduría, como dueño del tiempo y de las cosas, escuchará nuestros anhelos de un mejor ambiente y atendiendo nuestra fe, mejorará lo que una vez hizo perfecto.

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