CARLA RUBI NARVAEZ ROSARIO
Por Carla Rubí Narváez Rosariosímbolo-médico-del-caduceo-de-oro-20046376
Para la década de 1960 se veía el padre como el proveedor económico-formal del hogar y la madre era quien cuidaba a los hijos, los educaba y alimentaba, pero no trabajaba fuera del hogar. 
Sin embargo en los pasados treinta años,  los patrones familiares han ido evolucionado: padres/madres solteros (as) o divorciados (as), ambos trabajan por la necesidad de proveer suficiente sustento para los hijos y a su vez para sus adultos mayores.  El rol de la mujer ha ido involucrándose en la fuerza laboral, incluyendo a su vez sus labores en el hogar con la familia, lo cual sobrecarga de forma emocional y física, mayor aun que los hombres.  
Esto es un hecho importante que actualmente impacta todo hogar puertorriqueño. Los problemas financieros que particularmente enfrentamos  ante la crisis fiscal, se suma a nuestra realidad cotidiana.  Ahora bien, cuando a esto le agregamos enfermedades crónico-degenerativas, altos costos médicos y necesidad de cuidado a largo plazo, entonces aumenta la carga no solo emocional y física, sino  también económica. 
Actualmente más del 50% del rol como cuidadores informales está a cargo de las mujeres, pero debería ser una labor de amor por y para todos en la familia.  Un concepto quizás difícil de implementar, más no imposible.  La importancia de la calidad de vida del envejeciente y de su cuidador es imprescindible. Por esto es necesario buscar ayuda social, psicológica y familiar, para enfrentar estos nuevos roles de transición. 
Pudiéramos comenzar a enfocarnos en las necesidades existentes de las personas al cuidado y de sus cuidadores informales como punto de partida.  La organización es importante, y el apoyo social y familiar son clave para una buena comunicación.
Un cuidador informal es toda aquella persona(s) que brinda cuidado básico y necesario a un ser querido, familiar o conocido que no puede valerse por sí solo. 
Un cuidador informal no recibe ganancia monetaria por sus servicios, su recompensa va más allá de lo material. En las familias puertorriqueñas este es un concepto que esta ya presente y lo vemos día a día ante la crecida población de adultos mayores.  La generación de los Baby Boomers (nacidos entre 1946-1964) fue una de grandes cambios, y así como su nombre lo dice, fue un ‘boom’ de nacimientos, por ende actualmente la masiva tasa de retiro es preocupante para el gobierno y el Seguro Social. 
Realmente las políticas públicas no estaban, ni están preparadas para que la gente durara más de 65 años. Esa edad fue determinada y se esperaba que no muchas personas la alcanzaran, lo cual actualmente ha cambiado.  Esto es importante saberlo porque hoy día estamos ante una crisis económica y a su vez no solo hay que lidiar con las generaciones de nuestros niños. Hay que también enseñarles que la vejez es parte de nuestro diario vivir, que es importante no enajenarnos de los adultos mayores, porque ellos también nos necesitan y nosotros a ellos para aprender de las vivencias y de sus historias. 
Una sociedad comprometida intergeneracionalmente, es una sociedad más capaz, más sabia y con una mejor calidad de vida. 
 
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