LUIS ARNALDO RIVERA

Por Luis Arnaldo Rivera Torres

Queda demostrado damas y caballeros, que necesitamos algo más que una Junta.

Existe algo intangible llamado moral y dignidad que solo se aprende desde los primeros pasos y en hogares de férrea convicción y seguridad en los valores de la inclinación hacia obrar bien. La generosidad y el respeto como base de convivencia.

Las convicciones no son meramente abstractas porque son asumidas como verdaderas y se constituyen en principios de vida. Por lo que en el trayecto son nuestra fuerza, inspiración en la dirección correcta y fundamento.

No son necesarias las riquezas materiales para ostentarlas; pero resulta fácil perderlas. Por esa característica cuando el ser humano se desvincula de la realidad de los valores, su juicio sano se convierte en enfermizo prejuicio y los símbolos en estéril formulismo. Tampoco las poseen o las han desperdiciado los de la cínica podredumbre de los moralistas inmorales y deshonestos que hábilmente manipulan las libertades y los derechos para adelantar su cobardía moral y su pobreza espiritual arrastrándonos a la ley de la jungla.

Los cómplices del acto beneficioso para ellos aunque perjudicial a otros también son participes de cohecho y no están a salvo a renunciar a dicha beca, lo que no lo purifica o lo convierte en santo o víctima.

Este es el Puerto Rico que hoy vivimos y no esperar que el gobierno de turno y consentidor acepte su responsabilidad, o sus pares municipales rechazar esas conductas, más bien aceptándolas a través de sus alcaldes cuya visión está basada en el color rojo nada más cuales perfectos daltónicos por conveniencia sin importar las consecuencias.

 

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