El gran obstáculo que sobrepasó Vannessa…

La nadadora olímpica boricua casi deja la natación para siempre. En cambio, hizo historia.

Por Brandshare

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(Alberto Bartolomei)

Con el sol vespertino dándole un tibio abrazo, Vanessa García sonríe tímidamente a la hora de recordar cuando por poco deja atrás su deporte, la natación.

“Fue en 1998”, confiesa, con su mente nadando a las millas en la piscina del recuerdo, tan y tan rápido como ella misma lo hace en un evento de 50 metros.

“Estaba cansada. Frustrada. Quería ser una niña normal. Por eso dejé de nadar un tiempo. Pero mírame, aquí estoy”, afirma.

Vanessa, que en ese entonces comenzaba la escuela superior, ya era un fenómeno del deporte nacional. Poseía varios récords juveniles y acababa de participar en distintas competencias internacionales, más notablemente en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Maracaibo. Sin embargo, la pasión por el deporte se le había escurrido entre las manos, anhelaba otra cosa.

“Qué se yo, no quería nadar más. Quería ser una niña normal, como las otras de mi escuela”, recuerda, aludiendo a sus compañeras de clase de la Escuela Superior Juan Quirindongo, de Vega Baja.

“Había nadado en Maracaibo y mientras las otras muchachas habían tenido mejores competencias, a mí no me fue tan bien. Llegué tan frustrada a Puerto Rico que decidí que no quería nadar más”, dice Vanessa.

Se mantuvo activa en el deporte, jugando voleibol, entre otras actividades. Pero del agua, nada. Lo que parecía que iba a ser una prometedora carrera se hacía sal y agua.

Llegaron los Juegos Panamericanos de Winnipeg en 1999 y Vanessa brilló por su ausencia. Llegaron los Juegos Olímpicos de Sídney y Vanessa nada que ver.

Entonces, pasó algo interesante. A pesar de que Vanessa había renunciado a la natación, los escuchas de distintas universidades, tanto en Puerto Rico como en Estados Unidos, no dejaban de hacerle acercamientos. En la mesa tenía varias ofertas de becas universitarias que no podía desperdiciar.

“Mi familia no es adinerada. Tenía que tomar una decisión. O aceptaba una beca en deportes o me iba a hacer otra cosa”, explica la joven, que aún vive junto a su familia en Vega Baja, donde se crió.

Al comenzar su carrera universitaria, Vanessa se encontró con el entrenador cubano Zanoni López Zamora, natural de Camagüey, a quien había conocido antes de ir a Maracaibo, durante unos fogueos en Cuba. Fue él quien la reencaminó en su carrera como deportista.

“Vanessa se perdió casi todo ese ciclo porque apenas estaba regresando a entrenar”, rememora Zanoni.

No pudo ir a los Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Salvador en el 2002, ni a los Juegos Panamericanos de Santo Domingo en 2003. “Pero entonces, vino una competencia clasificatoria para los Juegos Olímpico de Atenas y ahí dimos el palo”, indica el entrenador.

Zanoni, a quien Vanessa considera “como otro padre”, recalca que el haber clasificado a Atenas fue la clave para que la joven se diera cuenta que la natación sería su vida.

“De ahí en adelante no paré. Una tiene sus altas y sus bajas, pero logra darse cuenta cuando es que las cosas están para una. Gracias a Dios me di cuenta que esto sería mi vida. Yo le debo mucho a la natación”, articula.

Vanessa fue a Atenas 2004 y luego realizó el ciclo entero de 2005 a 2008. Estuvo en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Cartagena de Indias, Colombia, en 2006, donde ganó oro y estableció el récord en los eventos de 50 y 100 metros libres. También fue a los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro, en 2007, donde ganó bronce, la única medalla para el equipo de natación de Puerto Rico. Y experimentó sus segundos Juegos Olímpicos en Beijing 2008.

“Ya había desarrollado la confianza para seguir hacia adelante y no parar”, resalta Vanessa durante esta tarde de mayo en la piscina competitiva de Barceloneta, sus cuarteles generales.

El ciclo de 2009 a 2012 fue uno bueno pero difícil. Si bien es cierto que logró gran éxito en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Mayagüez 2010 —“las mejores competencias de mi vida”, afirma— y también en los Panamericanos de Guadalajara 2011, Vanessa comenzaría a experimentar una molestia en el hombro izquierdo que la llevaría al quirófano.

A finales de 2013, a meses de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Veracruz 2014, Vanessa fue operada, otro gran reto que pondría a prueba su tesón y dedicación al deporte.

“Pero fíjate, como ya sabía que podía sobrepasar distintos obstáculos, enfrenté esto de una manera muy normal. Los médicos me habían dicho: ‘Si te vas a retirar ahora pues no hay que operarte. Pero si quieres seguir nadando en un alto nivel, deberíamos operarte’. ¡Claro que iba a operarme! A mí me queda mucho en la natación”, dijo.

Vanessa fue a Guadalajara y el año pasado estuvo en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015. Este año logró la clasificación en el evento de 50 metros estilo libre para las Olimpiadas de Río de Janeiro, que serían sus cuartos Juegos Olímpicos, convirtiéndose así en la mujer con más boletos olímpicos en la historia de Puerto Rico.

“Miro hacia atrás y veo todo lo que he recorrido. Fue la mejor decisión, volver a nadar. Cuando una va a una, y desarrolla esa confianza, las cosas buenas empiezan a pasar. Estoy muy agradecida”.

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