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Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

En 2005, el alcalde Edgar Santana me mostró un diseño de un edificio para biblioteca municipal a construírse en la antigua sede del Comité Municipal del Partido Popular Democrático, propiedad de la familia Sobrino. Me dijo que se iba a expropiar el solar, se iba a destruír el edificio existente y se construiría un moderno edificio destinado a Biblioteca Municipal. En aquel momento de habló de un costo total de tres millones de dólares. Yo le sugerí que se hiciera un edificio verde y que se estudiara la posibilidad de que tuviera generación eléctrica con energía solar. Para mi, es arquitectónicaente feo, no tiene estacionamiento y me parece que tiene un diseño pobre, inspirado en otros efificios, como la Biblioteca Pública de Bayamón. Pero es razonable actualizarlo y darle uso.

Pasó la administración Santana,  vino la de Hernández, quien siendo ingeniero no pudo culminar la obra por el estado en que se dejó el edificio y el costo que se había incurrido, pasaron tres años de la actual administración y ayer al fin, el alcalde Marcos Cruz Molina pudo dar una esperanza razonada y responsable de lo que va a pasar en adelante. Algunos creen que es un truco por ser año electoral, pero el puso fecha para tres meses.

Escuchamos la alocución del alcalde, vimos el diseño y visitamos el edificio. Son tres pisos que no están terminados, le falta mucho trabajo con detalles de terminaciones y hay que corregir daños causados por la delincuencia y el deterioro. Pero afortunadamente, con diálogo y confianza en un buen manejo local de las finanzas municipales, se ha conseguido 2.8 millones en préstamo de Urban and Rural Development para desarrollarlo, al que se le nombrará como Centro de Bellas Artes Adrián Santos Tirado. Luego que se construya, ya hay promesa de una donación federal para equipos.

Al igual que la colección de estatuas, este es un monumento a la corrupción. No se creó para terminarlo pronto sino para que sirviera de fuente de ingreso ilegal para unos pocos que nada tenía que ver con el beneficio que los vegabajeños recibirían eventualmente. Aquellos se creían los dueños de la propiedad pública y se malacostumbraron al acceso fácil de los fondos municipales.

Con lo anunciado por esta administración, se da punto final a la pesadilla que vivimos los vegabajeños con el bochorno colectivo de tener un adefesio costoso en la entrada de nuestra ciudad. Comenzarán nuevos sueños para desarrollar el arte de una manera productiva y significativa, con la ayuda de todos.

 

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