Por Javier Colón Dávila / javier.colon@gfrmedia.com 04/24/2016 |01:17 p.m.
Este caballero que cuenta tan triste historia, fue maestro de baile de Nuestros niños un verano años atrás, en el vagón de Barrio Vivo (Iniciativa Comunitaria)!! Muy triste por demás!! (Mily Navedo)Para Pedro es necesario no sólo cerrar el capítulo que representa la muerte de su progenitora sino también dejarle saber al mundo quién era. (Archivo)

La fémina fue hallada sin vida en la Laguna de El Condado.

El pasado lunes, el cadáver de una mujer fue divisado flotando en la Laguna de El Condado.

En un país agobiado por noticias sobre la crisis fiscal del gobierno y el debate político partidista de cara a las parimarias, el deceso de la fémina no acaparó grandes titulares.

Sin embargo, en el sector Cantera, en San Juan, la noticia sobre el fallecimiento impactó la comunidad.

Eventualmente se confirmó que se trataba de Yolanda Rosa Vázquez, de 57 años, quien solía deambular por las calles y padecía esquizofrenia.

En Cantera, destacaron que era fiel asistente a la misa dominical mañanera de la Parroquia María Auxiliadora y muchos la conocían como la hija de Nati y la madre de Pedro y de Michael, famosos coreógrafos del barrio.

Todavía no se sabe la causa de su muerte, pero uno de sus hijos, Pedro Francisco Avilés Rosa, contó a este medio que quieren pensar “lo mejor”, que se trató de un accidente y se ahogó.

Para Pedro es necesario no sólo cerrar el capítulo que representa la muerte de su progenitora sino también dejarle saber al mundo quién era.

“Ella cumplió el 6 de abril y me dijo que la llevara a la playa, que quería ir a pasear. El trabajo me consumía y no la saqué ni un día en dos años. Le compraba cositas, pero no la saqué”, lamentó Avilés Rosa. “Pienso que fui buen hijo pero al final sé que fallé un poco. No le dediqué tiempo y no la llevé a la playa y terminó ahogada en la playa a la que quería ir”, agregó.

Yolanda tuvo una vida difícil, según relató su hijo, quien al igual que su hermano Michael se desempeña como coreógrafo. Explicó que su madre, la menor de 12 hermanos, nació sin úvula, la parte media del velo palatino, lo que prácticamente le imposibilitaba hablar.  Narró que a los 17 años decidieron enviarla a casa de una hermana en el Bronx, Nueva York, ciudad donde vivió duras desventuras.

“Allí la libertad de la juventud hace que perdiera un poco el camino y en una fiesta tomó una pastilla de ácido y ahí comenzó todo. Su mente no se recuperó y comenzó a usar drogas”, dijo Pedro, quien nació en 1981 y nunca conoció a su padre

El coreógrafo contó que en 1983 nació su hermano, Michael y eventualmente quedó huérfano de padre.

“Cuando nace mi hermano las drogas la consumieron y no hubo vuelta atrás”, rememoró sobre su madre.

Narró que Yolanda deambuló en Nueva York y ya en 1983, al regresar a Puerto Rico, fue internada tras ser diagnosticada con esquizofrenia. En ese tiempo deambulaba por Barrio Obrero, la Parada 26 y El Condado. “Se la pasaba rompiendo botellas, pidiendo pesetas a la gente y molestando a las personas. Estaba en recuperación y volvía (a la calle)”, explicó su hijo, propietario de la academia GOP Dance, con sede en Guaynabo.

Pedro recordó con cariño la figura de su abuela, Natividad Vázquez, conocida en Cantera como ‘Nati’, quien luchó intensamente por rescatar a su hija de las calles.  “Todo el mundo en Cantera conoce esa historia. Era la lucha de Nati con los guardias para que la ayudaran. La internaron (a Yolanda) cinco veces en Siquiatría  y también estuvo en el Panamericano. La dejaban internada pero siempre se las arreglaba para inyectarse”, reveló.

Contó también que en el 2001 Nati envió a su hija nuevamente a Nueva York, pero otra vez “se perdió por las calles” hasta  que la encontraron hospitalizada con bronquitis. Eventualmente fue a vivir con su hermana Eli Rosa, en Orlando, Florida, donde estuvo un año. Luego regresó a la Isla y sucumbió de nuevo en el vicio y en el vagabundeo, explicó Pedro.

Relató que su abuela Natividad, quien se encargó de su crianza y la de su hermano, murió en el 2004. Entonces, Yolanda quedó bajo la custodia de su hermano, Juan Rosa.

“Fue una batalla campal y (Natividad) se sintió culpable porque la envió a Nueva York. Ella no podía con los 12 hijos y algún sentido de culpa tuvo… Cantera es una barriada fuerte”, reflexionó.

Argumentó que en  2004 su madre “había dejado el vicio”, aunque no dejaba de perderse en las calles.

“Se le quedaron las malas manías. No podía trabajar y trató de sacar identificaciones. Trató de bregar como una persona normal pero la mente era su peor enemigo y la sociedad no tiene programas para ayudar a este tipo de persona”, dijo.

Pedro contó también que comenzó a seguirla y se percató que si bien pedía limosna, no la retenía. “Era para darle a los amigos drogadictos. Yo le peleaba porque le compraba ropa y la mantenía al día y al ir a su casa no había nada de ropa, sólo un par de zapatos. Muchos años después comencé a entender, la empecé a seguir y algunos parientes me contaron que se la pasaba regalando cosas a todo el mundo. Fuera de cuando tenía malas actitudes, todo el mundo la recuerda por su sonrisa y su manera de tratar a todo el mundo. Ella no podía tener una vida normal pero daba amor dentro de su manera de ser”, aseguró.

“Ahora la valoro más después de que está muerta y me doy cuenta que las personas que menos tienen son las que más dan”, puntualizó.

Un día antes de morir, Yolanda dijo a su hermano que quería ir a la playa frente al Condado Plaza. Pretendía acudir en horas de la noche e incluso salió de la residencia, pero volvió y se acostó. A eso de las 6:50 a.m. del lunes 11 de abril se despidió de uno de sus hermanos y no se le vio nuevamente con vida. Posiblemente abordó una guagua pública en Cantera que la llevó hasta la Parada 26, en Santurce, donde pudo haber abordado otra guagua que la dejara en la playa, según teorías de allegados.

Sin embargo, Pedro prácticamente descarta la posibilidad de un suicidio. Dijo que su madre calzaba unas zapatillas al ser sacada del agua y sólo presentaba un golpe en la frente, posiblemente producto de una caída. La mujer, quien en más de una ocasión fue impactada por vehículos e incluso herida de bala en las piernas, tenía dificultad para caminar, reveló también su hijo.

Agregó que resolvió compartir públicamente la historia de su madre para crear conciencia sobre las necesidades reales de personas como su mamá.

“Tenemos que ser más sensibles. La gente que poco tiene es la gente que más da y nosotros que lo tenemos todo no damos. Nos estamos viendo cada vez más insensibles y menos atento hacia nuestros hermanos. Miramos para el lado cuando vemos personas como esta porque apestan, están sucios y estamos matando esa sensibilidad. Ella tuvo una vida muy dura pero transmitió un mensaje positivo al final”, concluyó.

Anuncios