THOMAS JIMMY ROSARIO HIJO

Por Thomas Jimmy Rosario MartínezLOGO EHV Diario Vegabajeno de Puerto Rico 2

Ayer mi madre tuvo otra crisis de salud. Y hoy a las seis de la mañana vuelvo a la cocina a preparar cremitas, como ella lo hizo por 62 de mis 63 años de vida. Dos de las cremitas son con azucar de embuste, ya que tanto ella como yo somos diabéticos.

Tener mi madre viva aunque sea parcialmente funcional en una cama donde con gusto le reciprocamos lo que nos brindó cuando no nos podíamos valer,  es un privilegio. Los amigos de mi edad no tuvieron el privilegio de envejecer con sus padres, algunos eran huérfanos, abandonados o crecieron con uno solo de sus padres vivos.

En mi familia nuclear (así se le llamaba antes, aunque hoy día suena a bomba, a estudio o tratamiento médico) somos cinco. Papi, mami, Flor Rubí, Jossie y yo.  Hasta hace pocas semanas éramos seis con Manchi, que era como un ser humano para la que nos ocupábamos con mucho amor. La familia extendida consiste de diez nietos y (creo que) catorce bisnietos. Y son familia también muchos de nuestros vecinos y amigos que durante toda la vida nos han acompañado. Y todo un pueblo que por muchos años ha apoyado nuestros proyectos comerciales y culturales.

La luz de las estrellas las vemos en su intensidad cuando el cielo está claro, pero a veces las vemos parpadeando y en ocasiones nos parecen que se apagan. La realidad es tal que la brillantez que vemos desapareció hace muchos años, pero por la distancia sigue llegando la luz.

La luz de mi madre me sigue llegando y creo que el resto de mi vida seguiré viendo esa estrella encendida aunque esté postrada y medio apagada.

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